27399D66-2FE6-4FBC-9048-BDA705F254C3Otra de la infinidad de cosas de las que no tenía ni idea, es de que se siguen utilizando los electroshocks para tratar ciertos padecimientos síquicos. Lo sé porque mi prima me contó el otro día que, después de probarlo todo para sacar a mi tía de una espiral de ansiedad que duraba ya casi una docena de años, los médicos decidieron aplicar a su agotado cerebro una serie de descargas controladas.

Hace solo unas semanas yo creía que este tipo de cosas te fríen el cerebro y te dejan como a McMurphy (Alguien Voló sobre el Nido del Cuco) en menos de lo que canta un gallo.

Pues parece que no es así. Se llama terapia electroconvulsiva y se usa para tratar padecimientos severos que no responden a otros tratamientos. Un millón de personas al año reciben en el mundo descargas en sus cerebros hundidos en la miseria.

Por lo que parece a mi tía le estuvieron poniendo electrodos en su cerebro una buena temporada. Cuando empezó a reaccionar, mi prima asegura que parecía feliz. Dicen los médicos que esto se puede deber a que las descargas destruyen conexiones cerebrales compulsivas que son las que estaban causando, en último término, el problema. Pese a esta capacidad de reseteo neuronal, las descargas sí que te fríen el cerebro un poco: Mi tía se olvidó, por ejemplo, de que mi tío había muerto y de lo mal que lo pasó con el Alzheimer de mi abuela. No le han querido contar nada porque sería para ella como volver a ver morir a su marido y revivir el proceso por el que su madre perdió la cabeza. Al principio, tampoco era capaz de manejar los cubiertos. Parece que va aprendiendo poco a poco.

Mucho me temo, le dije a mi prima, que con el aprendizaje y la memoria, la ansiedad reaparecerá. Y al parecer es así como funciona: El paciente mejora durante un tiempo aunque vuelve, poco a poco, a tener los mismos síntomas. Incluso corre el riesgo de hacerse adicto a esas descargas que le destruyen moderadamente el cerebro.

Me ha dado por imaginar que, en no demasiado tiempo, podremos comprar uno de estos dispositivos cerebrales para freírnos el cerebro en casa de vez en cuando. Podríamos así ser completamente felices (al menos) durante los fines de semana, los puentes y las vacaciones de verano.

(Tened en cuenta que pronto no será necesario manejar cubiertos o acordarse de las desgracias porque nuestra vida será, por fin, esa sucesión de imágenes envidiables que subimos a Instagram)