Oveja_04

Paseando por la ribera del río. Mi perra huele algo, husmea al aire entre nerviosa y asustada, se arrima con reticencias a un tronco caído. Huele y me mira, huele y me mira. Me acerco a ver.

Una oveja muerta.

Me da por pensar que mi perra va a devorar el cadáver. Me pongo tenso. Imagino sangre y vísceras salpicando la hierba seca. Huesos con carne fresca sobre la madera muerta. Nervioso le animo a alejarse. Ella no muestra ese tipo de interés, muestra más bien temor a la extraña parálisis ovina. Como buen ser humano, ignoro estos detalles y me preocupo de amarrar a mi perra. Nos alejamos. Cuando hemos recorrido unos doscientos metros me doy cuenta de que no estoy seguro de lo que he visto, que apenas he echado una mirada. Bien podría ser todo una alucinación. ¿Si un juez me preguntase podría darle algún detalle irrefutable para que me creyera? ¿Alguna peculiaridad o marca del animal? ¿Presentaba alguna herida? ¿Agonizaba o estaba ya inmóvil? ¿Había algo significativo en su mirada? Me doy cuenta de que no podría aportar nada. Nos damos la vuelta. Ato a mi perra a las ramas bajas de un árbol próximo. Me acerco despacio al cadáver. Como si pudiese despertar a la oveja o como si temiese que la muerte fuese contagiosa. Venzo el impulso de huir. De pie, a un par de metros de distancia, miro al animal muerto.

Está tendido sobre su costado derecho, las patas de adelante están juntas ligeramente flexionadas, las de atrás se cruzan formando una uve. Las pezuñas forman una línea de puntos negros sobre la hierba seca. El pelo está anudado y sucio, salpicado de tamuja, un gran cerco oscuro en la parte del estómago. La boca semiabierta, la lengua asoma entre unos dientes amarronados.

Son los ojos. Los ojos son los que delatan la muerte: Parecen muy abiertos pero es solo porque la pupila ha desaparecido. El globo ocular ha dejado de recibir luz, ahora solo la refleja. Anoto estos detalles en mi libreta. Volvemos a casa. Al poco, mi perra empieza a olisquear despreocupada. Yo arrastro los pies.

Después de llamar a varios teléfonos de información un caballero muy amable me dirige al teléfono de emergencias “porque ellos tienen todos los contactos”. Llamo y le leo a la señorita los dos párrafos anteriores de mis notas. Extrañada me dice:

—Bien, deduzco que ha visto usted un animal muerto ¿puede decirme dónde, por favor?

No me esperaba esta pregunta. Pienso en decirle que les sería fácil seguir las huellas arrastradas de mis pies. Me contengo. Me digo a mí mismo que quizás esté cayendo en el sentimentalismo barato. Paso a explicar cómo llegar hasta el cadáver. La señorita se muestra conforme:

—Supongo que alguien se hará cargo, gracias por llamar.

Cuelgo sin decir nada y me viene una palabra a la cabeza:

Kodokushi.

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