Parejas Mixtas en 2065

Hubiese preferido no conocer a aquel tipo. No tenía ninguna intención de entablar conversación con él pero dijo algo que no pude evitar escuchar. Esto me pasa a menudo: el otro día, por ejemplo, estaba tomando una cerveza y, de pronto, escuché a alguien hablar de la igualdad entre hombres y mujeres explicando, con la seguridad de un experto, lo machistas que son ciertos tipos que obligan a sus mujeres a llevar burka. Era uno de esos seres perfectamente aceptados, hiperseguros de sí mismos, con evidente éxito social. No me extrañó oírle decir, solo unos minutos después de haber sentado cátedra contra el machismo, algo así como “joder Maricarmen, es tu padre el que me está provocando. Podrías mejor echar un vistazo a tus hijos a ver si tu hermana deja de alborotarles”. Recuerdo otro que fue levantando la voz a ritmo seguro hasta que le escuché decir con claridad “esos lo que quieren es ser de izquierdas viviendo como vivimos los de derechas. Si son comunistas, pues que den todo lo que tienen y se dejen de darnos lecciones ¡coño!”. Habitualmente siento la tentación de intervenir y alguna vez lo he hecho pero supongo que ya he canalizado el impulso hasta conseguir casi controlarlo. Esta fue una de esas ocasiones en las que no lo logré. El tipo dijo: “Os dejo un dato para lo tengáis en cuenta: solo en Estados Unidos se estima que el quince por ciento de las parejas serán mixtas en 2065“. Aquella estimación tan aparentemente informada disparó mi impulso más de lo que sé controlar. Intervine. Disculpa, no he podido evitar oírte, ¿a qué te refieres con parejas mixtas? Me refiero a parejas formadas por un humano y un androide. Este es un tema que me interesa, dije mientras hacía un cálculo rápido de ese quince por ciento. Me vi obligado a abandonar las estimaciones numéricas porque no tenía ni idea del número de parejas actuales en EE.UU., ni de si crecía o disminuía, ni de qué considerar pareja y qué no, ni de cuánta gente viviría en EE.UU. en 2065… Determiné que eso implicaría a varias decenas de millones de personas así que seguí indagando ¿De dónde has sacado esos datos? Noté cómo se inflamaba su ego mientras mostraba un moderado desprecio por sus interlocutores que no tenían la capacidad intelectual de interesarse por el asunto. Acabo de empezar a trabajar con la empresa XY Coporation (el nombre me lo dijo con la condición de que ni se me ocurriese publicarlo) en un proyecto de inteligencia artificial que evolucionará los androides de compañía y sexuales hasta un punto que ahora ni podemos imaginar. Se me agolparon algunas preguntas más del tipo ¿qué se supone que hará un androide de compañía artificialmente inteligente? y uno sexual, ¿qué hará exactamente? Todos sabemos que las posibilidades imaginativas en este tipo de asuntos son difícilmente controlables, sin embargo, seguí con el discurso de corte periodístico que había comenzado. De acuerdo, pero ¿de dónde has sacado el dato exactamente? Forma parte de la campaña informativa que estamos llevando a cabo, el departamento de comunicación de la empresa ha compilado datos para demostrar la viabilidad de nuestro proyecto. Bueno, me dije, no es la primera vez que las medias verdades cambian el curso de la historia. Ajusté mi estrategia a la situación: ¿Se ha planteado ese departamento de comunicación si en 2065 la vida en pareja seguirá siendo mayoritaria? ¿No viveremos acaso todos en la más perfecta e hiperconectada soledad? Él era comercial, así que siguió a lo suyo: Más a nuestro favor; en un mundo sin parejas nuestros androides serán absolutamente necesarios para canalizar ciertas necesidades instintivas. Sonrió picaronamente al añadir, “ya me entiendes”. Así que se trataba de lo más básico que se pueda imaginar. La evolución de las muñecas hinchables, la toma de conciencia del látex. La inteligencia aplicada al intercambio económico/sexual. Un poco decepcionado sí que estaba, aunque no lo suficiente. ¿Y qué servicios ofrecerán ustedes a la población mundial en 2065? Tenemos en marcha dos líneas básicas: la línea que llamamos “Para Siempre” y la que hemos decidido llamar “Ocasional”. Los nombres eran bastante explícitos, no parecían proponer nada nuevo. Así que habrá androides con los que podremos casarnos y otros para pasar el rato, ¿verdad?  Es un poco más complejo pero este no es el sitio para entrar en detalles. Y, ¿habrá tiendas físicas con sus correspondientes escaparates o solo venderéis en red? En nuestra central tenemos un montaje con algunos prototipos y le aseguro que resultan muy atractivos. Me enseñó una serie de fotos en su móvil en la que se podía ver un grupo de personas de ambos sexos en diversas situaciones habituales: Sentados a una mesa de comedor, charlando en un entorno de bar, paseando por la calle de una ciudad indeterminada. La mayoría eran mujeres, unas ocho o diez. Había cuatro o cinco hombres. Así que aquellos eran los androides con los que vivirían mis descendientes. En las fotos no había modo de diferenciarlos de las personas. Nada indicaba que aquellos seres fotografiados fuesen robots. Me quedé absorto intentando imaginar la vida en pareja en 2065. Quizá desde la adolescencia habría que definirse y optar por ser humanofílico o robofílico. Optar por lo segundo, supondría, muy probablemente, un amplio abanico de posibilidades. Algo así como tener un móvil Android o un iPhone con potencialmente un gran número de fabricantes y tendencias: habrá distintas arquitecturas para implementar la inteligencia artificial, diferentes materiales para simular el cuerpo, variadas características del humanoide seleccionables: su carácter, sus conocimientos, su manera de conducirse. Habrá robots refinados y robots del montón. De gama alta, que estarán acabados al detalle y de marcas generalistas, que serán suficiente para los que no se puedan permitir otra cosa. Con los primeros te entrarán ganas de reivindicar tu estatus, los segundos serán más bien de andar por casa. En un primero momento, según me lo estaba diciendo aquel tipo, me pareció que la idea no tenía demasiadas opciones. Ahora que lo estoy pensando con más calma, parece obvio que las opciones son potencialmente infinitas en el tiempo. Desde el momento en el que la necesidad de tener un androide impronte el cerebro de la siguiente generación, se iniciará el ciclo de versiones y funcionalidades. Cada equis tiempo tu androide estará, para tu desgracia, desfasado y no será capaz de hacer cosas que te encantaría que hiciera. Aparte de que, con toda seguridad, no serán trastos baratos y requerirán de la concesión de préstamos a una cantidad determinada de años. Si me pongo optimista, podría maginar que sería una buena manera de eliminar la tendencia a la posesión y a la cosificación de la personas con las que compartimos la vida. Siempre y cuando los androides permaneciesen en una discreta posición de estupidez (que no diesen la sensación de ser demasiado espabilados) quizá podrían convivir con parejas humanas y ser aceptados como ayudantes en ciertas facetas de la vida humana. Incluyendo el sexo. Aunque, a quién quiero engañar, probablemente no sea este el caso y los robots se conviertan en una nueva razón para el conflicto y la pelea. Divorcios tipo “pues hala, vete con el robot si tan bueno es en todo”. Puedo ver con claridad a jueces y juezas de primera instancia del siglo veintidós teniendo que decidir sobre la custodia del androide o cómo se deberán pagar las letras pendientes a partir del momento de la separación. El comercial reclamó mi atención al ver que no mostraba la sorpresa suficiente. ¿Qué te parece? Impresiona, ¿eh?. Sin duda, parecen personas; aunque habría que verles moverse, seguro que no lo hacen con la fluidez con que lo hacemos nosotros. Ahí me estaba claramente esperando: sonrió con serenidad y suficiencia mientras pulsaba en la pantalla para ejecutar un vídeo en el que tres de aquellos seres de aspecto femenino, charlaban con otros dos de aspecto masculino. Había un tercero que tenía un aspecto increíblemente andrógino. Esto me hizo considerar una nueva variable ¿podrían esos tíos crear humanoides de géneros distintos del femenino y el masculino? No penséis que es tan difícil. Añadiendo, quitando, cambiando algunas cosas se podrían crear pastiches fronterizos que tendrían su público sin ninguna duda: robots con aspecto de mujer refinada y pollas enormes; Geipermans con barba de dos semanas y vulvas perfectamente depiladas o perfectamente peludas (a elección del consumidor). La rueda continuaría girando cuando las funcionalidades se convirtiesen en commodities, se diese la posibilidad de personalizar el androide y se empezasen a buscar nichos de mercado en la larga cola de las teorías del mercado. En el vídeo se veía a los robots hablar animadamente, reír de modo convincente, incluso se tocaban de vez en cuando con aparente espontaneidad. El comercial estaba tan animado como yo asustado. Se me ocurrió que iba a pillarle en esto: por cierto, ¿estos trastos funcionan con pilas? De nuevo demostró que su argumentario estaba perfectamente diseñado. Utilizan baterías de última generación que se recargan cinéticamente y pueden llegar a durar varias semanas. Si el cliente lo desea, se puede incorporar la opción de recargarlas utilizando energías limpias como el sol o el viento. Tengo que reconocer que empezaba a estar completamente acojonado. Me amarré a una última pregunta antes de rendirme. ¿Y eso de qué vale para la línea “ocasional”? Sospechaba que tampoco se iba a dejar atrapar ahí, pero tenía que intentarlo. La idea es acompañar al androide hasta el lugar donde esté el cliente. Tendrán una programación de apagado de modo que, pasado el tiempo comprado por el cliente, se desactivarán por completo. También hemos diseñado un mecanismo de seguridad que, en caso de ser necesario, podría generar potentes descargas eléctricas si se intenta manipularlo. Lo más seguro para el cliente finalizado su tiempo, es permitir que el androide regrese donde le estaremos esperando. O, si lo desea, pagar una nueva fracción de tiempo para que vuelva a activarse. Parecía evidente que habían pensado en todo. Yo seguía sin ver, en todo esto, la necesidad de la inteligencia (aunque fuera artificial). Es más, la cosa era tan sencilla que ser inteligente se me aparecía como un problema. Si la inteligencia implica extraer nueva información de lo existente, llegar a conclusiones y a decisiones de acción no evidentes, de ser el androide inteligente la situación sería delicada, en poco tiempo se convertiría en un manipulador frío o en un asesino implacable. En este estado de ansiedad respecto al futuro pedí mi cuenta y me despedí de aquel tipo. No pude dormir. Se me agolpaban imágenes e ideas. Que cuando se habla de inteligencia artificial en realidad se está hablando de un simulacro de inteligencia. Que todos estos proyectos profundizan en el aislamiento y en la obsesión por el orden y el control que el aislamiento genera. Esto, a su vez, implica la creación de una nueva realidad en la que nuestros cuerpos ya no son necesarios. No es una cosa por venir, la presencia ha sido ya definitivamente sustituida por medios de interacción basados en la imaginación. Nada nuevo entonces para el futuro, solo gente que trabaja en las herramientas necesarias para hacer realidad un sueño que no sabemos que ya estamos haciendo realidad.

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