Me acuerdo de una piedra blanca con la que se rompió en cuatro trozos el lavabo de un artista catalán. Si no recuerdo mal, aquel día se castigó injustamente al niño y no al artista que tenía todo tirado por el suelo. Comprendí que a los artistas, sin importar su edad, les está todo permitido. Decidí entonces ser uno de ellos.